Ficha de libro
La esfera
La esfera
Este libro funciona, en su estrato más profundo, como un sofisticadísimo artefacto filosófico camuflado bajo el formato narrativo: 'La esfera' (publicada en 1947 tras una reelaboración exhaustiva de su obra anterior 'Pro Patria') no deposita en absoluto su interés de lectura en el desarrollo de un argumento plagado de intrigas tradicionales o desenlaces sorprendentes. Muy al contrario, se sostiene enteramente sobre la fuerza gravitatoria de una idea abstracta y obsesiva que, página tras página, va reorganizando por completo la experiencia vital de su protagonista. Ramón J. Sender edifica una ficción existencialista donde el qué ocurre cede todo su protagonismo al cómo el intelecto humano procesa lo que ocurre: el ineludible destino, la tortuosa estructura de la conciencia humana, y la inminencia de la muerte enfocada simultáneamente como límite ontológico inamovible y como la mayor de las fijaciones psicológicas. El texto navega con una asombrosa agilidad entre las situaciones físicas más cotidianas a bordo de un transatlántico en plena travesía atlántica y la altísima especulación filosófica; no obstante, elude magistralmente la aridez propia del ensayo académico tradicional al conseguir que todo ese corpus de ideas metafísicas aterrice y se someta a prueba de fuego en la carne de los propios personajes, en sus vacilaciones existenciales, en sus culpas arrastradas y, de forma muy marcada, en sus confortables mecanismos de autoengaño.
El dilema nuclear que el autor nos plantea se podría cristalizar bajo esta formulación: cuando un concepto trascendental (como la conciencia de nuestra propia finitud o la absurdidad cósmica del universo) secuestra por entero tu sistema de creencias, ¿logras continuar viviendo el día a día de forma orgánica, o tu destino está sellado a transformarte en un mero espectador anestesiado de tu propio declive? La novela trabaja con un escenario espacial marcadamente cerrado, la claustrofobia inherente a las paredes de un camarote y los corredores de un barco de pasajeros en mitad del océano, un ambiente asfixiante que opera como una enorme cámara de eco, favoreciendo la introspección y el retrato minucioso de las patologías del alma. El escritor aragonés repudia abiertamente el efectismo lacrimógeno o el melodrama barato; en esta etapa, muestra una evidente predilección por los giros psicológicos extremadamente lentos, operando mediante la lenta sedimentación de signos turbadores y generando en el lector esa atmósfera pesadillesca de que existe una voluntad oscura e invisible dictando milimétricamente el metrónomo de lo terrenal. En comparación con la frescura, el costumbrismo luminoso y la linealidad narrativa de memorias como 'Crónica del alba', o incluso el tenso, brutal y apresurado montaje de sus novelas sociales como 'Siete domingos rojos', en esta obra maestra de tintes kafkianos la energía literaria implosiona en lugar de estallar hacia fuera, volviéndose completamente absorbente y centrípeta.
Por qué embarcarte en este libro
Abordar sus capítulos hoy en día supondrá para ti un reposo intelectual insólito y perturbador, especialmente si estás al borde de la saturación por el consumo masivo de argumentos audiovisuales previsibles que saturan las plataformas: aquí la verdadera aventura es puramente neuronal, y la dosis de suspense deriva, única y exclusivamente, del abismo existencialista que se abre a los pies del protagonista. La obra articula interrogantes de calado insondable que no se esfuman ni se solucionan girando la última página del volumen, sino que perdurarán incrustadas y vibrando dentro de tu córtex cerebral largo tiempo después de haber finalizado su lectura. Resulta un texto que incita a la actividad del pensamiento sin precisar de trucos de magia argumental ni de efectismos teatrales de guardarropía; por contra, demandará de ti una altísima dosis de concentración mental, inmersión y una nada desdeñable cantidad de estoicismo. Un aviso fundamental antes de sumergirse: si depositas tu expectativa lectora en toparte con el clásico realismo social, reivindicativo y combativo al que el autor nos tiene acostumbrados, o un alud incesante de golpes de efecto narrativos, corres el severo riesgo de que te invada la frialdad en los capítulos iniciales de esta obra.
Habiendo pasado el filtro de calidad por representar una rareza excepcional y valiosísima dentro de la extensísima bibliografía de Ramón J. Sender, permítele que obre en ti como una auténtica grieta en la pared. Al abrir su portada y cruzarla, liberará de inmediato un espacio inédito y asfixiante de cuestionamientos radicales para que te otorgues el inmenso privilegio de elegir, con total libertad, qué angustia ontológica deseas que te acompañe desde hoy en adelante, todo ello sin verse perturbado por el barullo ensordecedor de los bestsellers de turno.
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