Ficha de libro
Memento mori
Memento mori
Enfoque narrativo-técnico: un thriller construido a dos tempos, donde el método del crimen y el método policial compiten por el control del relato. En Valladolid aparece una serie de muertes que no buscan esconderse, sino exhibirse: el asesino deja señales, lecturas, pistas que funcionan como un guiño envenenado. La investigación cae sobre un inspector de instinto áspero y un equipo que aprende pronto que aquí la rutina no sirve; el enemigo no improvisa, compone. Pérez Gellida convierte la trama en un tablero: alterna el avance policial con el punto de vista del homicida, pero evita la caricatura del monstruo. Lo inquietante es lo contrario: la normalidad con la que la violencia se integra en su vida y la frialdad casi musical con la que planifica.
La novela gana tensión por acumulación de detalles: procedimientos, tiempos, rutas, vigilancia, burocracia, y esa sensación de que el Estado siempre llega un minuto tarde. El lenguaje es directo, con golpes de humor negro y observación urbana; hay calles, bares, hábitos, una ciudad reconocible que no se romantiza. Lo diferencial, dentro del noir español, es la combinación de pulso comercial y gusto por lo técnico: la investigación no es decorado, es motor. En la trayectoria del autor, este arranque fija dos marcas: el gusto por el villano inteligente y el placer de llevar al lector con la lengua fuera sin sacrificar verosimilitud. El resultado es adictivo, pero también incómodo: te obliga a mirar cómo una mente brillante puede usar la cultura como coartada moral. Y cuando eso pasa, la intriga deja de ser un juego.
Por qué embarcarte en este libro
Leerlo hoy funciona como vacuna contra el thriller de plantilla: aquí hay procedimiento, sí, pero también una pregunta venenosa sobre el encanto del mal cuando se presenta con educación. La novela engancha porque cada capítulo cierra con una puerta medio abierta y porque el duelo se libra en el terreno de la inteligencia, no del ruido.
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