Almas muertas
Nikolái Gógol
Pável Chíchikov recorre la Rusia provincial comprando «almas muertas»: siervos ya fallecidos que aún figuran en el censo y sobre los que se puede solicitar crédito. La idea es un fraude perfecto. Gógol construyó una galería de propietarios rurales —cada uno más grotesco que el anterior— que es también el retrato más brutal de la estupidez y la codicia como condición humana rusa.
El punto de entrada más accesible y más divertido de la ruta: la literatura rusa todavía puede reírse de sí misma. Gógol establece que el alma humana puede ser comprada, vendida y tasada —la pregunta moral que los cuatro libros siguientes explorarán sin humor. La novela incompleta que Gógol quemó antes de morir se convierte, en este contexto, en la sombra de todo lo que viene.