El conde de Montecristo
Alexandre Dumas
Edmond Dantès tiene diecinueve años, está a punto de casarse y de convertirse en capitán cuando sus enemigos lo hacen encarcelar falsamente. Sale catorce años después, con una fortuna, una nueva identidad y un plan. Dumas construyó la novela más satisfactoria del siglo XIX: cada capítulo añade una pieza al mecanismo de la venganza y cada revelación es mejor que la anterior. Leer El conde de Montecristo es entender por qué existe la ficción.
El punto de entrada más generoso de la ruta: Dumas no pone obstáculos, solo abre puertas. Cada capítulo es un gancho para el siguiente; cada personaje nuevo trae un nuevo hilo; el mecanismo de la venganza es tan preciso que cuando empieza a ejecutarse el lector lleva cientos de páginas esperando ese momento. La longitud, que parece un obstáculo, es en realidad lo que permite que la satisfacción sea tan completa.