Ficha de libro
La ciudad de las luces muertas
La ciudad de las luces muertas
Este libro es, ante todo, un experimento narrativo de superposición: un apagón total convierte Barcelona en un escenario donde distintas épocas se rozan y se contaminan, como si la ciudad hubiera perdido el orden de sus capas. La historia se abre en la posguerra, cuando una joven provoca accidentalmente el corte de luz que deja a la ciudad suspendida durante un día entero, pero David Uclés usa ese suceso como un dispositivo: la oscuridad hace visibles capas que normalmente permanecen ocultas y obliga a mirar lo que la ciudad prefiere esconder. No se trata de un misterio que se resuelve con una explicación técnica, sino de una novela que utiliza el apagón como lente para observar cómo se fabrica la memoria urbana. El motor del libro es su arquitectura: avanza por escenas encadenadas más por resonancia que por causalidad clásica, donde una voz conduce a otra, un lugar convoca un recuerdo y un rumor callejero activa un salto temporal. La galería es amplia y deliberadamente coral; conviven criaturas de ficción con presencias culturales reconocibles del imaginario barcelonés y español. No están ahí para el coleccionismo, sino para insistir en una idea: una ciudad es también el conjunto de relatos que la atraviesan, se disputan y se reescriben. En el centro simbólico aparece Carmen Laforet, no como biografía cerrada, sino como figura que condensa juventud, precariedad moral y el hambre de una verdad que no encaja en los discursos oficiales. El conflicto principal no es reparar la red eléctrica, sino decidir qué hacer con la oscuridad que revela: fascismo como pulsión de unanimidad, gentrificación como expulsión elegante, oportunismo que se disfraza de modernidad y miedo colectivo que pide relatos simples. La novela empuja a preguntar qué memoria se conserva y cuál se barre bajo la alfombra, quién gana cuando la ciudad se vuelve decorado y quién pierde cuando todo debe ser rentable.
Leída como novela, La ciudad de las luces muertas exige atención y paciencia: su placer está en reconocer patrones, aceptar que no todo se ata con un nudo y dejar que Barcelona, múltiple, termine siendo el personaje central. En la trayectoria del autor, supone un salto de ambición respecto a La península de las casas vacías: aquí la apuesta es más urbana, más metaficcional y más arriesgada en su mecanismo. Su valor literario está en convertir un apagón en una máquina de memoria que ilumina detalles incómodos, y por eso deja una sensación rara: como volver a tu ciudad y descubrir que te había estado mirando antes.
Por qué embarcarte en este libro
Leerlo hoy tiene sentido si estás cansado de novelas históricas que solo decoran el pasado: aquí la historia muerde el presente y lo obliga a responder. Uclés convierte Barcelona en un tablero donde la memoria no es museo, sino conflicto vivo: quién pertenece, quién desaparece y qué se vende como progreso. Ojo: es una novela coral y exigente; si buscas linealidad y confort, puede frustrarte, porque prefiere la resonancia y la acumulación de capas al hilo recto.
Si dudas entre muchas lecturas, esta obra ya ha pasado un filtro de ambición y riesgo. Úsala como una bisagra: te abre la puerta a mirar tu propia memoria urbana desde otro ángulo, sin seguir buscando más.
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